viernes, 26 de marzo de 2021

Mariela Laudecina

 

Los cuidadores de la palabra, monstruosos e insolentes

expresamos disconformidad

con la tarea de lavar los pisos del templo

los hombres escriben la historia, se burlan de la esencia

manipulan significados, la adoran vanamente

y las palabras reina de los mudos se deja proferir

deseamos usarla con nuestras lenguas

las mismas con las que establecemos pisos.

 

(Página 17)

 

 

Lo que pudieron hacer no lo hicieron

El esplendor es de ella que venció a la muerte

No hay a quien rezarle

Mis gatos conceden paz y juventud

Un ser que puede caer parado debería llamarles la atención

El que no responde el nombre debería inquietarlas

Si estás demasiado cerca pisas al otro en el baile

Decía madre, cuando es grosera la obviedad

Yo miro por el cristal

Ni me hace falta salir.

 

(página 23)

 

Los videntes anuncian la caída al sueño

la fusión del hombre con la montaña, el cerdo. El cuervo

                                                                      Y el conejo

La impecabilidad de los actos ante todo

Queridos sabios, escriban presagios que ya sucedieron

La adormidera conducirá a la visión de otra sintaxis

la del mundo sin velos, maravilloso y atemporal

¿Qué hay más allá? Dijo la muerte

Amemos con alegría.

 

(Página 29)



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